Los celos y el control, viejas formas de violencia a menudo solapadas tras la naturalización y el mito del amor romántico, toman nuevos rostros en una sociedad global caracterizada por el uso invasivo de la tecnología.
Emergen formas sutiles o encubiertas de control bajo las llamadas “pruebas de amor” que incluyen desde pedir-exigir a la pareja contraseña de Facebook o de cualquier otra red social, hasta eliminar contactos, revisar el celular, controlar el correo electrónico e incluso “solicitar” que compartas tu ubicación a través de Whatsapp u otra cuenta en la red de redes.

No son pocas las brechas cotidianamente asociadas a los medios de comunicación y la reproducción, desde esos espacios, de imaginarios que sostienen la violencia de género.
De esa relación entre los procesos formadores de opinión y constructores de sentidos –que se generan desde la comunicación– y cómo estos refuerzan o desmontan la violencia, habla la periodista e investigadora del Grupo de Estudios sobre Juventudes (GESJ) del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), Carolina García Salas, quien participó en una investigación comparada de imaginarios juveniles sobre la violencia contra las mujeres en ocho países de Latinoamérica y Caribe (El Salvador, Honduras, Guatemala, Bolivia, Nicaragua, República Dominicana y Cuba, más Colombia), en colaboración con el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y OXFAM Latinoamérica.
“Se trata de un estudio que articuló a diversos actores sociales dentro y fuera del país, y en nuestro caso fue de singular importancia la colaboración de especialistas del Programa de OXFAM en Cuba y del Centro Oscar Arnulfo Romero (OAR)”, explicó García Salas.

He vivido en varias ocasiones que al poner fin a una relación sentimental o sexual, esta derive en una situación de acoso insufrible. Al menos dos veces pasé un miedo terrible y en una tercera necesité un médico. Leo historias de violencia contra las mujeres en los periódicos y, junto con mis experiencias, me doy cuenta de que gran parte del género masculino tiene un problema muy grave con torear la frustración que le supone una ruptura amorosa. Recuerdo Cat Person, el relato del New Yorker, y la infinidad de veces que en películas y series una negativa inicia una conversación que acabará con un “zorra”, “puta” o “fea que te has creído, no te toca nadie ni con un palo”. Son líneas de diálogo que escriben otros hombres, que se basan en las realidades que viven o en las que se han visto y por eso lo plasman así.

Femgarabat es el colectivo artístico formado por Susana Carramiñana (socióloga y dibujante), Bea Aparicio (dibujante y profesora) y Janire Orduna (ilustradora y diseñadora). Eligieron el barrio San Francisco de Bilbao para compartir las experiencias del proyecto y las potencialidades del relato gráfico feminista. Para ello mostraron las dos iniciativas que que han llevado a cabo en vinculación con otros proyectos feministas que están documentando la memoria de las mujeres en los barrios: Vecinas, de Andrea Momoitio e Histeria Kolektiboa, mediante el periodismo y la performance, y PROYECTO ELLAS de Ainhoa Resano y Savina Lafita Solé, basado en los archivos fotográficos.

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