Debates

Escuelas sin homofobia: vivencias y aprendizajes


Rafael Alejandro Suri González

Máster en Desarrollo Comunitario y Vocero del Grupo de Activismo Sociopolítico Placetas LGBTI. Reside en Placetas, Villa Clara


  1. ¿Desde tu experiencia, cómo se expresa la homo-lesbo-transfobia en las escuelas cubanas?

    La homo-lesbo-transfobia en las escuelas cubanas es un asunto que, no por silenciado, deja de tener legitimidad o deja de ser importante. Aunque en la 10 Edición de la Jornada Cubana Contra la Homofobia y la Transfobia por vez primera se abordó este asunto, aún las acciones apenas asoman y los discursos de especialistas y decisores parecen articulados desde la memorización de un texto.

    En las escuelas suelen sucederse actos de acoso escolar por el simple hecho de sospechar o parecer una persona homosexual. Asunto que se agrava en los centros escolares internos, conocidos en Cuba como “becas”. Lo peor de todo es que algunos profesores se hacen de la vista gorda ante estas realidades, quizás con la buena voluntad de corregir las desviaciones de estos estudiantes y así facilitarles la vida, como le dijo un profesor a mi abuela mientras yo cursaba el preuniversitario. Pero no hay solo las burlas; la segregación o la anulación de estas personas son una muestra del maltrato. Conozco de casos en los que profesores y maestros se hacen eco de las manifestaciones homo-lesbo-transfóbicas de los propios estudiantes poniendo motes a algunos de ellos o agregando sobrenombres para identificarlos más rápido y fácilmente.

    También en la manera en que se asumen los roles escolares, ya sea desde el “adecuado porte y aspecto” como el “uso correcto del uniforme”, elementos que, sin estar explicitados en los reglamentos, quedan a la valoración de las subjetividades de los educadores, quienes hacen uso de las normas según sus interpretaciones.

    Otra forma de manifestarse es a través de los libros de texto, en los que se muestra siempre un enfoque binario y un ideal de pareja-familia heterosexual, así como asociaciones monogámicas como señal de normalidad o educación cívica.

    Creo que muchos aspectos, como el preguntar por el padre o la madre --sin siquiera saber si el estudiante posee alguno de ellos o dos madres y padres--, son elementos que se han naturalizado en nuestras escuelas y que no por ello deben ser asumidos como adecuados, correctos o normales. En conferencia realizada en la Universidad Central Marta Abreu de las Villas (UCLV), durante la pasada Jornada Cubana Contra la Homofobia y la Transfobia, la ministra de educación señalaba que este no es un problema. Habrá entonces que ponerse las pilas para que ministerios, direcciones municipales y provinciales, así como centros de formación de maestros y otros del sector educacional comiencen a prestar atención a estas realidades.

  2. ¿Qué impactos individuales y sociales tienen estas agresiones?

    Cuando un niño o niña es acosado por ser un “presunto” homosexual, esto crea una especie de huella que marca el inicio de una respuesta inmediata y, en muchos casos, agresiva a estas manifestaciones. Recuerdo que por estos motivos yo era impulsivo y rebelde en mi adolescencia. Siempre estaba predispuesto y buscando la burla o el maltrato en cualquier frase, en cualquier comentario, en cada mirada, en cada gesto de quienes me rodeaban. Recuerdo que mi abuela decía que era un muchacho de lengua larga, porque apenas dejaba terminar a los demás, respondiendo groseramente lo que yo entendía querían decir. No era feliz, no lo era. Invertía más tiempo analizando las cosas --o eso creía yo--, que viviendo. Me volví agresivo con conocidos, familiares y amigos, esas huellas aún las recuerdan algunos de ellos y yo, por supuesto.

    Ante esta realidad, muchos deciden abandonar los estudios o explorar otras vías para comenzar a solventar sus vidas, para ser mejor asumidos y aceptados en el hogar, una vez dejan de estudiar.

    Son huellas que dejan marcas en el cuerpo, la mente y el corazón, que nos hacen tomar decisiones equivocadas, ocultando en ocasiones nuestra verdadera naturaleza, nuestro verdadero sentir.

    Son estas manifestaciones de acoso las que han hecho que muchas personas LGBTI se nieguen a sí mismos o terminen asumiendo roles en la vida que no son los que desean, solo por guardar las apariencias, ser “normal” o pasar desapercibidos. Hay quien decide adentrarse cada vez más en el closet y sellar sus puertas. De esta forma deciden inventarse una vida y construyen una aparente armonía sociofamiliar que, por normalizada, aparenta felicidad.

  3. ¿Qué estrategias personales compartirías con adolescentes y jóvenes que sufren de acoso escolar homofóbico?

    Mis estrategias no sé si serán las mejores, yo solo tengo pocas, pero sinceramente me funcionaron y formaron el orgulloso hombre gay que soy hoy. Mi tránsito por el IPVCE Ernesto “Che” Guevara, de Santa Clara, fue sin dudas la época más difícil de mi vida como adolescente. Sufrí acoso escolar homofóbico, en mi caso no por parecer, sino por ser homosexual. Gracias a dos amigos, aprendí que debía buscar la manera de revertir estas realidades. Decidí que debía buscar la manera de que el resto me viera como uno más y resaltar de mi personalidad y comportamiento otros aspectos que no fueran mis marcados manierismos. Me entregué al estudio y sobresalía en las notas y los resultados de cada tarea indicada. Era un chico inteligente y, siendo inteligente, me volví necesario. Siendo necesario, me volví popular y, aunque esto no puso fin a los malestares, sí los redujo notablemente.

    Encontrar una pareja fue muy importante, ahora me doy cuenta de cuán importante resultó su apoyo. Mis lágrimas y mis genios, mi impotencia contenida, mis decepciones…eran cosas que compartía con él y me ayudó mucho enfrentar entre dos estas realidades.

  4. ¿Cuáles actores sociales crees deben tomar cartas en esta problemática?

    La escuela puede hacer lo suyo, pero también hay que hacerlo desde el punto de vista oficial, legal, mediante preparaciones metodológicas a los maestros y profesores, a los directivos de escuelas y demás centros escolares, incluyendo la educación de adultos.

    Hay que eliminar el vació existente en los reglamentos escolares que dejan a las subjetividades su aplicación, así como trabajar en las orientaciones metodológicas, que provocan tener que estar consultando a instancias superiores debido a la falta de claridad en las indicaciones. La escuela, en la base, por sí sola, no podrá asumirlo todo porque dependerá una vez más de las sensibilidades de los educadores sobre el tema. Hay que educarlos a ellos para que, despojados de prejuicios, eduquen con un enfoque de inclusión y respeto a las diferencias, a los estudiantes.

    Los libros de texto necesitan una actualización que permita abordar las sexualidades desde las diversidades, que muestren que estas son tan ricas y diversas como lo es la población cubana, esa que parafraseando a Fernando Ortiz, es un ajiaco de especies importadas.

    Pero la familia, los centros laborales y los medios de difusión juegan roles importantes en la educación de la población cubana. Si seguimos produciendo, reproduciendo y retransmitiendo programas que, con un enfoque sexista, muestran “la realidad cubana” que en muchos casos suele ser solo “la realidad habanera”, algunos donde el machismo y la violencia están tan naturalizados como el calor o el sol de Cuba, no podremos avanzar mucho. Si en los centros laborales aún solicitan empleados con división de roles, tampoco avanzaremos mucho. ¿Por qué no puede un varón ser educador de círculos infantiles? Solo por mencionar un ejemplo…

  5. ¿Qué acciones recomendarías?

    Esta es la pregunta del millón….en verdad es bien complicado, pero creo que trabajar con los medios es primordial, además de la familia y la escuela. Creo que es una triada a la que debemos prestarle mucha atención, porque el lenguaje sexista se emplea aun hoy con muchísima frecuencia y normalidad. Porque se reproducen estereotipos que no son saludables y que, lejos de apostar por la equidad social, rompen con este ideal. Muchos jóvenes siguen más las novelas, las series, los cantantes de moda y prestan más atención a ellos que a sus padres o a sus profesores. Muchos copian sus gestos, sus frases, sus modas, haciéndolas suyas, y esto es algo que debía aprovecharse.

    Por otro lado, aunque las Jornadas se extienden por el país, aún mantienen enfoque salubrista en muchos lugares, fundamentalmente al este de la capital. La Jornada no puede ser solamente unos días de mayo, la Jornadas deben ser un proceso permanente, una campaña, una constante en la sociedad para mover el pensamiento en torno a los temas que buscan desnaturalizar la homo-lesbo-transfobia. Con un mes al año, cuando se intenciona el grueso de las acciones, no es suficiente. Como tampoco la realización de paneles, conversatorios, actividades recreativas y culturales en espacios cerrados, puertas adentro. Recuerdo esas primeras Jornadas, donde todos podíamos participar de un panel en pleno Pabellón Cuba acomodándonos como podíamos o como queríamos…

    ¿Por qué no realizar una Gala Cubana Contra La Homo-lesbo-transfobia en la Tribuna Antimperialista? Pensemos en ello como una manera de que nuestros mensajes fluyan y lleguen a la mayor cantidad de personas y dejen a un lado el elitismo y la comodidad de los teatros, las salas de conciertos y los salones de conferencias.

    Estas son solo ideas que me vienen a la mente y que podrían o no ser viables, pero creo que sí serían efectivas.

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