Debates

Diversidad Sexual e iglesia en Cuba: ¿derechos vs religión?

Las expresiones públicas de estos grupos religiosos son contrarias a reconocer derechos ciudadanos de la población LGBTIQ en nuestro país. En su opinión ¿cuál debe ser la relación entre iglesia y estado, entre religión y ciudadanía?

Gabriel Goderch

Creo que se resumen en estas palabras: SEPARACION IGLESIA ESTADO, que está definida en nuestra propia Constitución. Somos un Estado laico, es decir, desde el punto de vista jurídico no hay una religión o credo oficial en la Constitución política y la fe religiosa es algo que ejerce cada ser humano por libre albedrío. Hoy en Cuba estamos asistiendo a la acción de grupos de presión que no es un fundamentalismo simplemente en lo religioso, sino que es político.

Las iglesias tienen el derecho, dentro de sus paredes, de enseñar sus convicciones. Yo puedo decirte que desde lo bíblico están completamente erradas, porque hacen una lectura literal sin hermenéutica, es decir, sin interpretar los textos bíblicos, sin buscar los orígenes etimológicos de las palabras que se usan. En el cristianismo ha pasado como en el marxismo, nos enseñaron revisiones; así mismo sucede con la Biblia, hoy hay muchas traducciones de Biblias que no utilizan las palabras precisas que se utilizaron en la escritura. Por otra parte, no hay tampoco un estudio contextual que tenga en cuenta quién lo escribió, qué sucedía en ese momento, el motivo del texto. Se está en un error al pensar que Dios dictó los textos, pero eso es lo que se enseña en algunas iglesias, desafortunadamente.

Entonces, ¿dónde está el mal? Pues se encuentra cuando los grupos de presión, sean religiosos o no, imponen su agenda usando la coerción de la ley para que primen sus "razones". Las iglesias quieren imponer su moral, pero no toda la sociedad tiene que acatarla. Lo inmoral es que se trate de imponer una "moral religiosa" en la Carta Magna. Pero más inmoral es propagar el odio, ir en contra de la ciencia, que además es oscurantismo, ¿acaso hay que regresar a la era de la Inquisición? Por tanto, la separación Iglesia y Estado es clara, las iglesias no pueden imponer sus convicciones.

Ian Manuel Garabito Navarro

Tengo entendido que somos un Estado laico, donde las religiones forman parte de las realidades que nos circundan, pero no tienen poder para intencionar decisiones ni participan activamente en tomarlas junto al Estado. Es una relación que, en mi modesta y joven opinión, debe mantenerse. Las religiones forman parte del imaginario social en el que vivimos, nos desarrollamos entre ellas y es común encontrar en la misma familia practicantes de más de una. Nos enriquecen espiritualmente, dan sentido a la vida de muchos, sirven de refugio a otros y facilitan el enriquecimiento de algunos que buscan lucrar con la fe depositada en sus manos. Por tanto, no podemos desligarnos de ellas, forman parte de nosotros. Hablo en plural porque considero que, cuando hablamos de religión, estamos simplificando tantos años de sincretismo, la riqueza y la complejidad de las distintas comunidades de fe que coexisten en el país. El ser humano necesita creer, tener fe en algo o en alguien y esto ha quedado demostrado a través de la historia.

Al separarse de la Iglesia como institución, el Estado garantiza los derechos para sus ciudadanos, con sentido común y partiendo de las riquezas y realidades sociales. Creo que su función de normar, regir y ordenar con civilidad el país es uno de los elementos importantes que hacen posible el desarrollo en sus múltiples aristas. Sería muy complejo gobernar un país en pleno siglo XXI teniendo como bases documentos arcaicos de cuando siquiera existía el papel o la imprenta. Documentos producto de la oralidad de entonces, cargados de estereotipos, dogmas sin sentidos para el momento en que vivimos y que son interpretados, en ocasiones, al pie de la letra; pero en otras, partiendo de las subjetividades individuales y colectivas.

Pienso que el Estado debe escuchar lo que tienen que decir cada uno de sus ciudadanos, escuchar y entender las realidades en que se desarrollan y las bases que sostienen sus opiniones. Eso es respetar la palabra ajena, no importa si es en defensa de “la palabra de Dios” o en defensa de “ideologías de género” u otras vanguardistas. Con todo el respeto, considero que, en ocasiones, las religiones constituyen un lastre para el desarrollo en determinados aspectos socioeconómicos, culturales, políticos y sociales, pues olvidan el mensaje de amor que Jesús predicó y lo revolucionario de sus ideas. Aunque funcionan como mecanismo de control de la disciplina social, al interior de muchas denominaciones se viven realidades distintas a las del mensaje que profesan.

Pero el Estado debe tomar las riendas del asunto y ordenar con justeza, adaptando sus leyes a las realidades socioculturales que vive la Cuba de hoy, que no es la misma de 1959, ni la de la pasada década de los noventa, ni la de 2000. Llevemos a realidad dos reflexiones muy parecidas, pues “ante la ley, todos los ciudadanos somos libres e iguales en derecho” y “todos somos hijos de Dios, hechos a su imagen y semejanza”.

Elaine Saralegui

El mundo moderno y su racionalismo dieron paso al laicismo. Las organizaciones religiosas fueron separadas del poder político, principalmente en Occidente (lo que dio paso a la secularización). Algunos estudiosos aseguran que el racionalismo traería la desaparición de las religiones; lo que realmente sucedió fue el su desplazamiento del poder político, no así su desaparición.

Lo que ha pasado en nuestro país con la Iglesia nos hace repensar algo que algunos no imaginaban sería un problema en suelo cubano, como ha ocurrido en otros países y, alarmantemente, en Latinoamérica.

Hablar de Estado laico, libertad religiosa, relación Iglesia-Estado, derechos humanos es asunto muy en boga en estos últimos tiempos.

En el caso cubano, nos distingue la tradición de haber abrazado desde muy temprano un pensamiento laicista, antidogmático, anticlerical; pero no antirreligioso. Recordemos a Félix Varela y José de la Luz y Caballero, con un pensamiento antidogmático, crítico, pero no antirreligioso.

La llegada del protestantismo a Cuba hizo que se reprodujera la cultura estadounidense, esta colonización se estaba abriendo paso en la cultura cubana, creando inquietudes a la hegemonía católica. A pesar del laicismo imperante, la Iglesia católica participaba en el poder político.

Las iglesias cristianas comenzaron a asumir funciones de asistencia social, educativas, que el gobierno republicano no garantizaba. Existían colegios privados que estaban adoctrinando desde la moral cristiana. Importante destacar la ausencia de denuncias de las desigualdades e injusticias que estaban sucediendo.

Para nadie son un secreto los enfrentamientos ocurridos entre el nuevo gobierno revolucionario y las iglesias, en la pasada década de los sesenta. Algunas de estas iglesias estaban abiertamente en contra de la Revolución. La ideología marxista leninista del Parido Comunista de Cuba y el ateísmo que entraba en contradicción con la dogmática religiosa, además del legado elitista y político de las iglesias del lado de las clases dominantes, provocaron que crecieran las contradicciones, incluyendo los prejuicios sociales e institucionales contra las religiones y los creyentes.

Por otro lado, algunas iglesias protestantes sí abrazaron los principios revolucionarios y de justicia social, abrazando la Teología de la Liberación con fuerte compromiso social.

La década de los noventa del pasado siglo, con la crisis económica y la caída del campo socialista, hizo que se revitalizaran muchas iglesias. Las personas comenzaron a buscar en la fe respuestas a sus conflictos y algunas iglesias fundamentalistas, no comprometidas con la justicia social y la liberación, comenzaron a cubrir las carencias económicas de los creyentes a cambio de obediencia y adoctrinamiento.

Continuando con este recorrido, que considero necesario, llegamos al IV Congreso del Partido, un momento importante para el mundo religioso, pues a partir de ese congreso las y los creyentes pudieron integrar las filas partidistas. En la Constitución de 1976 se decía que es ilegal y punible oponer la fe o la creencia religiosa a la Revolución, a la educación o al cumplimiento de los deberes de trabajar, defender la Patria con las armas, reverenciar sus símbolos y los demás deberes establecidos por la Constitución. Esto evidencia la defensa de la Revolución cubana ante la amenaza de la dogmática religiosa. En la Reforma de 1992 ya quedaba suprimido este artículo. Se hace alusión a la libertad religiosa y se establece la no discriminación por motivo de creencia religiosa. Pudiéramos interpretar este hecho como un acercamiento entre Estado y religión.

En la Constitución de 1976 y en la revisión de 1992 se sostiene que la ley regula las relaciones del Estado con las instituciones religiosas. Ese nexo se legitima a través de la Oficina para la Atención a los Asuntos Religiosos (OAAR). También sostiene la separación Iglesia-Estado y la igual consideración de todas las creencias religiosas. De esta manera, se crea un puente entre ambas partes para propiciar diálogos donde se pueda convivir con respeto.

Dialogar con el Estado y regular las relaciones entre Iglesia y Estado laico ha sido criticado por algunos cristianos. Yo en particular lo agradezco, pues tengo conciencia del daño que el ultraconservadurismo y el fundamentalismo religioso pueden generar en las políticas públicas y en los avances en materia del progreso y la igualdad.

No podemos pasar por alto las experiencias de nuestros hermanos países latinoamericanos y la lucha contra estos sectores cristianos que promueven el patriarcado, la misoginia, la homolesbotransfobia, el colonialismo, el capitalismo imperialista, el ultraconservadurismo. Ya hemos visto, recientemente, el caso de Argentina con el aborto, Brasil con la subida a la presidencia del ultraderechista fascista Bolsonaro, ayudado por la bancada religiosa.

No podemos perder de vista lo que está sucediendo en nuestro país con la iglesias fundamentalistas, haciendo un frente a los avances en materia de inclusión del actual proyecto de Constitución.

Muchxs activistas pensaban que en Cuba todo sería diferente con la consigna repetitiva de “nuestro Estado es laico”, se alentaba a la tranquilidad y a la fe ciega en que todo se resolvería desde ese espacio. Quizás el desconocimiento e incluso el descrédito que se le ha dado al espacio religioso hicieron que, desde mucho tiempo, se subestimara el impacto que desde este otro lado se puede tener en el ámbito público-laico.

Por otra parte, que el Estado haya tratado de separar a la Iglesia del espacio público ha sido inteligente, previendo el peligro que esta presupone, pero también ha provocado tratar el asunto de la fluidez de espacios muy superficialmente y ha devenido una invisibilización de otras iglesias y comunidades no hegemónicas que van contra los modelos exclusivistas y discriminatorios.

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