Debates

Diversidad Sexual e iglesia en Cuba: ¿derechos vs religión?

Hechos recientes han generado debate sobre la homolesbotransfobia que existe en iglesias cubanas. ¿Qué alertas, aprendizajes y pendientes cree dejó ese debate, desplegado principalmente en las rede sociales?

Gabriel Goderch

Considero que el debate  pudo  haber sido mucho más rico y efectivo, si no se hubieran desatado bajas pasiones que no aportaron absolutamente nada a un debate necesario en la sociedad cubana actual. Aparecieron algunos criterios muy buenos, pero que estaban rodeados de una sombra que fue toda una serie de exposiciones que, más que aportar al debate, sirvieron para hablar mal de la Revolución y sus líderes. Yo puedo enaltecer lo expresado por el Dr. Alberto Roque, que apuntó a la diana sin caer en extremos.

Desde el principio llamé en mi muro de Facebook al respeto al adversario, a no extralimitarnos en palabras sin sentido ni faltas de respeto, porque aunque existe una verdad —y es que hay que dar por justicia los derechos que corresponden a la comunidad LGTBI—, los insultos y agresiones no conllevaron a nada.
El primer aprendizaje está en que gran parte de la comunidad LGTBI no tiene la preparación para combatir desde el plano ideológico. Motivos, muchos; pero hay muy poco conocimiento de género en la población en general y esto trae como consecuencia que se discuta desde lo emotivo y no desde lo racional. Se puso en evidencia esa falta de visión de género en la sociedad, además de los estereotipos y mitos sobre la homosexualidad y lo transgénero. También salieron a relucir aquellos espacios que buscan un protagonismo en la sociedad y que para ello hacen cuestionamientos a otras instituciones, que hemos tenido una labor sostenida en el tiempo a favor de la diversidad. Estos cuestionamientos no valían en el debate, cada cual actúa según principios y formas de actuar. Para decir verdad, muchas opiniones me dejaron mal sabor. Creo que, como sociedad, nos falta mucho por aprender y en esto de dialogar y expresar ideas no estamos bien preparados
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Ian Manuel Garabito Navarro

Cuando en junio pasado mi pareja me leyó la declaración que hicieran cinco iglesias protestantes cubanas, no podía creerlo. Más aun cuando esta circuló solo por las redes, causó gran revuelo y una especie de llamado a sus seguidores para que los acompañaran en sus pareceres. Lo que me llamó mucho la atención es que los medios oficiales cubanos no se refirieran a la “declaración conjunta” y esta pasara a ser “desconocida” de esa manera. Era como una negación de la realidad, como omitir las opiniones de líderes religiosos que apostaban por el modelo “tradicional de familia”, mientras colocaban en noticieros, constantemente, las voces de otros que se oponían, en ocasiones con argumentos sin sentido, al matrimonio no heteronormado.

Las redes hicieron lo suyo, como también los carteles que comenzaron a aparecer en puertas, templos y paredes. Las redes lanzaron la convocatoria y mostraron que cada día son más quienes consumen informaciones digitales, se conectan y siguen ciertos temas. Las iglesias alzaron sus voces y más de uno nos llevamos una sorpresa al encontrar entre ellas a personas conocidas, compañeros de trabajo o familiares. Se demostró el poder de convocatoria del que tanto hablan en las noticias como mecanismo de influencia de las derechas y ultraderechas latinoamericanas. Aprovechando a los jóvenes, emplearon mensajes que se “zapyaban” en los espacios públicos y eran compartidos con total ingenuidad o completa intención.

Esta realidad nos demostró cuán flojos estamos respecto al alcance y poder de las redes como mecanismos de influencia, su utilización para campañas de bien público, su empleo como espacio donde la libertad de expresión no es un eslogan, sino una realidad. Nos dejó ver que no todos los cubanos y cubanas pensamos igual o aplaudimos las mismas decisiones; que nuestros pensamientos y opiniones pueden estar influenciados por diversos motivos y que es un error hablar en generalidades, como suele suceder en los discursos oficiales. Nos dejó ver que la sociedad cubana puede estar fragmentada y dividida respecto a determinadas decisiones que pueden o no tomarse por los representantes del pueblo.

Nunca había visto, en mis 26 años, una movilización a nivel de redes, e incluso en mi pueblo, expresando el claro desacuerdo con una decisión o una ley. Sé que las consultas populares son precisamente para esto, pero nunca creí ver semejante masividad en torno a algo tan simple y complejo a la vez.

Elaine Saralegui

La frontera entre espacio público y privado, entre Estado laico y ámbito religioso está bien delimitada, pero debemos entender los entretejidos y la fluidez que se da en esa supuesta división. En las políticas públicas se mezclan y superponen la esfera privada y pública, la religión y la laicidad. Estamos viendo en nuestro país cómo esos entretejidos sociales, tanto religiosos como no religiosos, se pronuncian en contra del matrimonio igualitario, posibilidad que permitía el artículo 68.

El poder del espacio religioso ultraconservador y fundamentalista se está organizando en nuestro país de una manera peligrosa, dada la naturaleza de la organización misma. No es menos cierto que aquí, como en muchos países latinoamericanos, es mayoría este tipo de iglesias; también sabemos que sus agendas religiosas/políticas están atravesadas por un ultraconservadurismo aberrante que les lleva a un mayor control de las personas y sus cuerpos, junto a un mayor capital económico, ayudados en su mayoría por la extrema derecha religiosa estadounidense.

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